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21 de Mayo de 2015

Soberanía propia sobre las palabras

Motorizado por la Universidad de Tres de Febrero, el DILE es un proyecto del Programa Latinoamericano de Estudios Contemporáneos y Comparados que dirige el escritor y crítico Daniel Link. Ya superó las 500 definiciones y el usuario puede agregar nuevas.

Por Silvina Friera

El ser humano es una criatura hecha de palabras. En la galería íntima y personal de cada hablante, en la punta de la lengua –esa memoria tan móvil como elástica y arbitraria–, irrumpe en escena con un sonido estrafalario o vulgar el surtidor de señales que identifican múltiples universos parlantes. El bolero de la lengua canta sus caprichos lexicográficos, sus metamorfosis y olvidos, el sortilegio de un ingenio desmesurado por obra y gracia de millones de hablantes del pasado, del presente, del futuro. La Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) tiene en línea un artefacto en construcción tan necesario como formidable: el Diccionario Latinoamericano de Uso del Español (DILE). “Definamos nuestro mundo. Definamos las palabras de nuestro mundo”, es el lema de este proyecto del Programa Latinoamericano de Estudios Contemporáneos y Comparados, que dirige el escritor y crítico Daniel Link. “Cajonear” es la acción de demorar el tratamiento de un asunto o expediente: “Cajonearon el debate sobre la legalización del aborto”. “Afano” tiene tres acepciones: precio exorbitante (“Qué afano lo que me quisieron cobrar”), holgura, diferencia considerable e insalvable (“Nos ganaron por afano”) y el robo a mano armada o hurto. “Croqueta” puede ser la cabeza, cerebro o mente (“Me quemó la croqueta”) o a la porción de masa hecha con arroz o acelga picada que se liga con huevo y se fríe en aceite abundante. “Rasca” es algo de baja calidad (“Esa mochila es muy rasca”); “bajón” alude a la depresión, aburrimiento o a la comida de trasnoche, especialmente si sigue al consumo de marihuana (“Tenemos pizza para el bajón”).

DILE ya superó las 500 definiciones –516 al 14 de mayo– y como cualquier usuario puede ingresar a la web para sumar palabras, definirlas y ejemplificar, se intuye que seguirá creciendo. Organizado a través de seis pestañas –“palabras recientes”, “diccionario”, “modo de uso”, “las más votadas”, “notas”, “ingresar una palabra”–, la puesta en marcha de este diccionario de “uso” responde a la insatisfacción que suelen generar los diccionarios académicos por la lentitud de la lexicografía para incorporar palabras que hace tiempo están en boca de muchos. “Una de las preocupaciones que tenemos es la definición de latinoamericano en sí mismo –cuenta Link a Página/12–. La cuestión es si se aceptan definiciones que vienen de afuera, de Estados Unidos o de Europa, o más bien investigamos en relación con qué tipo de vocabulario definimos lo latinoamericano. Es ridículo pensar que nuestro propio vocabulario sea definido desde Madrid, una sede metropolitana que fue impugnada largamente en nuestra historia. En el siglo XX, Borges se opuso fervientemente a reconocer a Madrid como el meridiano cultural de América y polemizó con Américo Castro a propósito de este tema. Hay una larga tradición de resistencia a esa vocación imperial sobre el lenguaje que tiene Madrid”, subraya el escritor. Link es uno de los que incorporan palabras y definiciones como “guasada” –comportamiento o dicho ordinario, soez, procaz– junto con el comité académico integrado por Diego Bentivegna, Valentín Díaz, Max Gurian, Miguel Rosetti, Diego Carballar, Alejandro Goldzycher, Candela Martínez Jerez, Matías Raia y Ariel Wasserman Cortez.

Conviene advertir, a quienes de- seen incluir palabras, que es obligatorio proponer una definición, un ejemplo y aclarar en qué país se utiliza con esa acepción. Aunque no está en el DILE, si un colombiano incluye “tinto” está aludiendo al café, pero para un argentino es un tipo de vino. No aceptarán, en ningún caso, definiciones injuriantes o que violenten la sensibilidad de grupos étnicos, géneros, clases sociales o adhesiones políticas. Los usuarios pueden votar si están de acuerdo con la definición con un pulgar para arriba. Si discrepan o no les parece adecuada, podrán manifestarlo con un pulgar para abajo. “Nos pareció que había que utilizar las herramientas a nuestro alcance para conseguir la propia soberanía sobre las palabras. Por eso nos interesa la definición de las palabras y la valoración que hace cada usuario. También si esa palabra es vulgar, literaria, técnica, sexista, despectiva, malsonante o en desuso. Son los usuarios del lenguaje quienes tienen que ejercer esa soberanía; por eso el diccionario está abierto para que cada usuario pueda definir palabras –explica Link–. Hay palabras que uno usa y no están registradas en ninguna parte. Aunque las palabras caigan en de- suso, aunque las palabras se modifiquen, está bueno que quede registrado un cierto uso que han tenido. Antes de definir una palabra me fijo si está en el diccionario de la Real Academia Española y cómo la define. Muchas veces me doy cuenta de que palabras muy usuales para nosotros la Academia las define muy mal.”

De la A a la Z, cada quien puede seleccionar palabras y expresiones preferidas por cómo suenan, porque las usa habitualmente pero ahora siente que adquieren cuerpo al ser definidas. O, sencillamente, porque siente empatía o cariño por esa suerte de pequeño museo lingüístico. La expresión “agarrate Catalina” es “estate atento, está prevenido, date por avisado con respecto a un suceso futuro con rasgos negativos, curiosos o simplemente inesperados”: “Se vienen unas huelgas que agarrate Catalina”.

“La idea es que sea lo más dinámico posible y que permita que el usuario verdadero del lenguaje, que es cualquier persona, intervenga con las definiciones y la valoración de las palabras para poder crear un ámbito de reflexión. Por eso hay una pestaña de ‘notas’ que estamos empezando a completar con información. Ahora que tenemos 500 palabras, la cosa puede funcionar más o menos sola. En las ‘notas’ colgamos la historia lexicográfica de algunas palabras como Latinoamérica para que el DILE sea no sólo un espacio de opinión, de valoración, de disputa entre los usuarios, sino también un espacio de reflexión. Definir palabras es algo que me parece que les gusta a muchos, ¿no?. El otro día le decía a mi hijo que me da pena que la palabra ‘churro’ haya caído en de suso porque es simpática. Pero ‘churro’ existe y quiere decir porro, y la incluimos en el diccionario con las dos acepciones. Hay una palabra que pasó de una edad a otra, y cambió radicalmente de sentido. La movilidad del lenguaje y la capacidad creativa de los hablantes es lo que uno tiene que defender, no la censura y la imposición de normas”, plantea el escritor.

* Consultas en http://www.untref.edu.ar/diccionario/

Nora disponible en: Pagina 12